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Cáncer y Alimentación: ¿existe relación?

Lo que usted escoge comer puede reducir la posibilidad de cáncer e inhibir su curso si llegara a detectarse. ¿Cómo sabemos que la dieta hace alguna diferencia? En cientos de estudios, los científicos observaron cómo los índices de cáncer variaban entre grupos de personas cuyas vidas son similares excepto por lo que comen. En otras palabras, sus hábitos de fumado eran los mismos, su perfil genético era el mismo, pero sus dietas eran diferentes. Se concluyó que el cáncer no se pasa de una persona a otra como el resfriado, sino que la posibilidad de desarrollar cáncer está fuertemente ligado a la tradición cultural, en especial a lo que comemos.
Se creía que ciertos tipos de cáncer, tal como el de mama, son hereditarios, sugiriendo que factores genéticos son decisivos y que la dieta tiene poco que ver. Pero la investigación muestra que, aunque factores genéticos sí inciden en algunos tipos de cáncer, también “heredamos de mamá” la forma de comer. Lo que escogemos comer, que se transmite de generación en generación, es un factor mucho mayor que el genético. Sólo observar cómo los índices de cáncer cambian cuando la gente emigra de una parte del mundo a otra dice mucho. Su perfil genético no cambia, pero su dieta sí, al adaptarse a un nuevo estilo de vida. Por ejemplo, cuando japoneses emigraron a los Estados Unidos, muchos cambiaron su dieta tradicional, que contiene mucho arroz y vegetales y nada de carne ni productos lácteos, por un menú “occidental” cargado de carne y lácteos. Con esta transición, sus índices de cáncer de mama se más-que-triplicaron, y el cáncer a la próstata se quintuplicó.
Carne, pollo y pescado
Con cada mordisco de carne que usted consume, ya sea pollo, res, pavo, o pescado, está ingiriendo más grasa de la que necesita. Estas grasas saturadas hacen estragos de pies a cabeza, agregando peso, alterando la función hormonal, y escoltando cancerígenos dentro de su cuerpo. Y si creyó que cocinarla ayuda, tome nota: calentar la carne produce un nuevo grupo de sustancias promotoras de cáncer, llamados...
Aminos Heterocíclicos
Durante los años ’70, investigadores japoneses encontraron que la superficie del pescado y la carne asada o a la parrilla contiene cancerígenos potentes. Estos compuestos, llamados aminos heterocíclicos (AHCs), entran en las células, donde dañan el ADN e inician el proceso del cáncer. Se forman al cocinar, a partir de la creatina, los aminoácidos, y los azúcares en las carnes, y todo lo que se requiere para activarlos es prender el fuego. Aún jugos concentrados de la carne, tales como los cubitos, pueden contener estas sustancias potencialmente dañinas. Estudios recientes muestran que el pollo a la parrilla puede ser extraordinariamente alto en estos cancerígenos- hasta quince veces más que un bistec o una hamburguesa. También hay evidencia de que los AHCs pasan a través de la leche materna y pueden ser transferidos a través de la placenta al feto.
Hidrocarbonos policíclicos aromáticos
Cuando la grasa de la carne, pescado, o pollo gotea de la parrilla a las llamas, se producen hidrocarbonos policíclicos aromáticos (HPAs). Estos cancerígenos son producidos por el intenso calor de un asador o parrilla y se depositan en la superficie de la carne, pescado o pollo. En su composición química, los HPAs están relacionados con las sustancias cancerígenas del humo del tabaco. Pueden dañar el ADN e iniciar el proceso del cáncer.
La Asociación para la promoción de la ética vegetariana (APEV) nació para ayudar a la población a tomar decisiones informadas, sin interés comercial, acerca de su alimentación.
Referencias:
(1) Doll, R., y Peto, R. The Causes of Cancer. Oxford, Eng.: Oxford University Press, 1981.